martes 13 de mayo de 2008

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Nadie quiso nunca entender su enfermiza obsesión por aquél número que siempre había estado presente en su vida en forma de insistente huida. Sus amigos y familiares en un principio preocupados por el tema decidieron tiempo atrás, y por el bien de su equilibrio mental, hacer oídos sordos respecto a aquello que la ofuscaba de manera tan reiterada desde muy pequeña y ni aún así lograron que se deshiciera de tan absurda manía.
Nadie supo entender el día del fatídico accidente, minutos antes de que su cuello fracturado por la caída hiciera que su cuerpo y alma les dejara para siempre, que se negara en principio a subir a la noria por el mero hecho de que quedaran vacías ese mismo número de cabinas, y el grupo de amigos estuviera compuesto por idéntica cifra.
Nadie desea leer en su lápida cada vez que la visitan.

A.L.H
23 años
05-05-2003
R.I.P.

© Mary Lovecraft 2008

domingo 11 de mayo de 2008

Su cambio, gracias.


La secretaria de Belcebú entregó al hombrecillo la copia del contrato que rubricado con su propia sangre reconocía la cesión de su alma, para toda la Eternidad, al Señor de las Tinieblas. Mustio y hastiado tras donar a la extraña chica en un pequeño tarro de cristal translúcido el resto reseco y ennegrecido de lo que antaño fuera su ánima, vio cómo en décimas de segundo su estado emocional se transformaba y recobrando las fuerzas y ganas de vivir de manera casi instantánea, acertó a agradecer con una sonrisa perversa el gesto de la muchacha en el momento en que ésta, con un alegre "su cambio, gracias", le obsequió con un par de impresionantes cornamentas que habrían de coronar su frente como señal distintiva de su nuevo rango, sendas alas membranosas que le permitirían sobrevolar de manera impertinente los castos cielos y un gran tridente negro hecho del más indestructible de los metales para poder continuar segando vidas tal como hiciera a su manera durante toda su existencia, con la diferencia de que ahora, la mayor de sus diversiones además de resultarle mucho más fácil de llevar a cabo y gratificante...no tendría fin.

© Mary Lovecraft 2008

jueves 8 de mayo de 2008

Top Secret

La fiesta estaba de lo más cargada, mujeres de vértigo blandiendo frágiles copas de cocktail vacías a ritmo de la enloquecedora música de fondo, elegantes señores de avanzada edad organizando cacerías a título personal para conseguir el más preciado trofeo en forma de "señorita disponible", ajetreados camareros estableciendo equilibrios imposibles para hacer llegar a buen puerto las bandejas de los entremeses y los combinados, codazos y pisotones por doquier, voces declamando conversaciones a grito pelado y humo...mucho humo.
Ya no aguantaba más. Dejó sobre un pequeño aparador el vaso con el resto del gintonic que jamás se bebería, se descalzó y con las sandalias de tacón en la mano se dispuso a dar un paseo por cubierta para respirar un poco de aire puro. Fue una delicia llegar a la pequeña antecámara de la salida de popa, allí el ruido proviniente del concurrido salón sonaba amortiguado y lejano, como en un sueño. Y fue más bien sentirse como en una pesadilla en el preciso instante en que abrió la puerta que comunicaba con el exterior, pues sólo halló el silencio más punzante, el ahogo más intenso ante la falta de oxígeno, de atmósfera misma, y la oscuridad más cerrada...más que oscuridad, el vacío...la Nada.
Sus cabellos encanecieron en décimas de segundo y la expresión de horror en su rostro quedó impresa para siempre, antes de volver a cerrar la puerta y dirigirse de nuevo, de forma refleja, al epicentro de la fiesta.
Mientras tanto, en el departamento de Alta Inteligencia y Avances Tecnológicos de la NASA celebraban entre risas y felicitaciones el nuevo logro en el proyecto sobre desmaterialización y teletransporte en el que llevaban trabajando tantos años antes de sacarlo a la luz definitivamente.
"¿Un barco de menos?...siempre nos quedará el "Triángulo de las Bermudas" como excusa eterna..." bromeó sarcásticamente, entre risas, el jefe del proyecto secreto.

© Mary Lovecraft 2008

martes 6 de mayo de 2008

Desesperación


Maldigo el día en que me puse en manos de ese desgraciado. No acierto a recordar cómo llegué hasta su repugnante tugurio, un tattoo de mala muerte perdido en aquél sucio callejón. Sólo quise rematar una noche de diversión. Recuerdo haber bebido cantidades ingentes de alcohol durante la fiestecita organizada por aquellos peces gordos, con esas jovencitas a las que no me pude resistir máxime cuando me eran ofrecidas a cambio de nada.
Y luego...sus punzantes agujas que inyectaron en mi piel no sé qué producto cáustico corroyéndola para siempre a modo de mural. Yo pedí seres etéreos dando forma a una bella estampa pero lo que vi al despertar de mi monumental resaca fue algo muy distinto: ratas, decenas de ratas deformes recorriendo inmóviles cada centímetro de mi dermis, representando la voracidad personificada, despedazándose unas a otras y despedazándome a mí mismo. Hasta aquí, sólo se hubiese tratado de una broma de mal gusto si no fuera porque esas ratas que ahora tatúan mi piel han ido tomando literalmente, vida. Cada día, en el entintado, cambian de posición y modifican sus actos y en cada rasguño o mordisco hacia mí escenificado por ellas, lo que en un principio fueran simples llagas se han ido tornando en imponentes escaras que se van infectando irremediablemente, algunas son tan profundas que alcanzan a dejar al descubierto el hueso...y este olor...
Me temo que no tengo cura, que poco a poco me voy pudriendo como castigo divino a mi espantosa actuación. Quisiera salir de este sótano donde me mantienen retenido, me temo que hasta mi cercano fin, para pedir clemencia a quien quiera que corresponda juzgarme.
Juro que mi viaje a Tailandia no estaba previsto, ni de lejos, como finalmente se desarrolló. Yo sólo venía por cuestiones de trabajo, un cierre de contrato importantísimo para mi empresa. Ellos me obligaron, esos directivos desquiciados ávidos de lujuria y desenfreno. No pude negarme, hubiesen sido más perjudiciales las consecuencias por la no aceptación de las costumbres del lugar...¿o no?
Oh dios, tengo mujer e hijas, he de regresar a casa...ellas me echarán de menos, me estarán esperando...

© Mary Lovecraft 2008

lunes 28 de abril de 2008

Vinieron de las profundidades. (VII) (Capítulo final)

?? de agosto de 1.932, la consumación.

El final es el lugar del que partimos, aunque todo concluya, nada perece...

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Calculo haber esperado alrededor de un cuarto de hora, para asegurarme de que Roland no regresa de vuelta sin antes cumplir lo acordado. Es buen chico y tal y como presentí, veo que no habré de sentirme defraudado en absoluto.
He sacado una pequeña libreta donde iré tomando apuntes sobre lo acontecido siempre que me sea posible pues esto de hablar a solas con uno mismo puede ser una buena terapia... cuando al menos hay otro alguien que escucha aunque no responda, no siendo éste el caso.
Creo que ya es hora de poner manos a la obra y finiquitar el cometido al que me he visto avocado por inspiración de no sé qué fuerza sobrenatural así que sin más dilación procederé al estudio de la siguiente galería de donde parece provenir el enloquecedor maremágnum silábico que tantas noches de insomnio me trajo. Me estoy poniendo los tapones de cera que de forma artesanal fabriqué y que incluí a última hora en mi equipaje, en previsión precisamente de que los malignos cánticos que ahora inundan el lugar pudiesen interferir en mi estado anímico peligrando el buen fin de mi plan. Aunque si lo pienso fríamente, ¿qué peligro en principio han de tener unos simples sonidos discordes por mucho que formen parte de una melodía maldita, si aquél que los origina no tiene presencia física a la que me pueda enfrentar?...
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Llevo descendiendo en pendiente suave bastante tiempo, no sabría calcular cuántos minutos exactamente, tal vez una media hora. He de intentar localizar un punto concreto donde la carga de dinamita detonada no produjera más catástrofe que salvación. Aún no he hallado vestigio físico que me garantice que voy por el buen camino así que seguiré adelante mientras las fuerzas y los elementos perecederos me lo puedan permitir, siempre calculando el tiempo invertido aunque sólo sea de manera intuitiva.
La brújula ha dejado de funcionar de forma adecuada empeñándose a marcar invariable y de forma intermitente, con lapsus de segundos, las coordenadas este-oeste, norte-sur. Se ve que las corrientes magnéticas de la tierra a estas profundidades desquician a cualquiera. La lámpara que me guía está empezando a fallar así que pronto habré de recambiarla. He hallado otra galería a la izquierda de la que recorro y que parece seguir descendiendo aún más. De ella proviene una suave brisa templada que me permite seguir respirando sin sensación de ahogo, supongo que más adelante habrá de haber algún tipo de comunicación con el exterior, por muy distante que se encuentre, que asegura la circulación de oxígeno con un mínimo de calidad al menos por ahora, así que he decidido continuar por este camino. Antes de proseguir, tomaré un tentempié y beberé algo de agua, pues las fuerzas empiezan a desfallecer supongo que debido al estado de estrés en que me veo inmerso...creo que descansaré un poco... me recostaré unos minutos...los justos para recobrar la energía suficiente que me permita continuar. Me he quitado los tapones de cera pues necesitaré estar alerta a cualquier incidencia. La maldita cantinela parece haber dejado de sonar. Espero no haber elegido el camino equivocado.
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¿Qué ha sido eso? un sonido como de pisadas arrastrándose por el suelo me ha sacado de forma brusca del sueño. Mi corazón acelerado y el grito reflejo silenciado por instinto, no me han permitido darme cuenta hasta ahora de que hay luz. Mis ojos pueden vislumbrar sin necesidad de lámpara...es una iluminación tenue, verdosa y lejana, proviniente de las profundidades de la galería...y más pisadas que reptan a paso lento pero firme. Veo una silueta pseudohumana, pareciera que busca algo...pero, ¿qué?, ¿a quién?...dios mío esto no puede ser fruto más que de una absurda pesadilla... pero no, sé que estoy aquí, ahora. Sé que no estoy loco.
Es increíble...esos rasgos, aunque desfigurados...esa forma de caminar, aunque reptante...se acerca a mí... ¿Nicolas Hataway...?. Sí, es él. Está a medio vestir, su cuerpo arqueado, y sus facciones...es como si hubiese en cierta manera "mutado". Me hace gesto acompañado de un gemido indescifrable para que le siga, es como si me quisiera mostrar algo que escapa a mi razón, posiblemente aquello que terminaría de dar sentido a toda esta locura. Curiosamente ya no experimento miedo pues más bien me conmueve el sufrimiento que desprende estar padeciendo tan infeliz alma. A unos tres metros de distancia le voy siguiendo. Otra salida a la derecha más, y vuelta a descender. La luz se va haciendo cada vez más intensa y el verde lo termina por inundar todo cuando llegamos a una nueva cámara abierta hacia una especie de pozo subterráneo donde bulle no sé qué mezcla de gases y líquidos del que emana este aroma tan profundo como penetrante y que no puedo asociar a nada conocido. En torno a ese pozo, varias aberturas más a sendas galerías interiores. Y allá abajo, más almas en pena.
No tengo palabras para describir el entristecedor espectáculo que tengo antes mis ojos: lo que en otro tiempo fueran hombres, mujeres, niños...ahora deformes, con la piel descolorida, ojos extremadamente grandes, fuera de las cuencas, pelo ralo, blanquecino...extremidades desproporcionadas e irregulares, rasgos difuminados, entes amorfos...deambulan sin un fin concreto...Desconozco desde cuándo están ahí ni de dónde proviene cada uno de ellos. Es de suponer que llegaron de forma parecida a como lo hizo el desdichado de Hataway...
De repente la cantinela diabólica comienza a sonar como siempre, iniciándose como un leve murmullo para convertirse en verdadero eco resonante que invade todo el recinto. Es el llamado. La superficie del pozo comienza a agitarse y los entes a desplazarse más nerviosamente, chocando unos con otros de forma autómata...pareciera que quisieran huir de algo...¿pero de qué?. De las distintas aberturas alrededor del pozo comienzan a salir unos seres inmensos, viscosos y tentaculados que provocan en las desgraciadas almas en pena reacciones extremas, la totalidad intentan huir de ellos de manera torpe, emitiendo gemidos guturales que no hacen más que atraer la atención de sus depredadores, cayendo finalmente en su poder...es en este momento que de las profundidades del pozo comienza a emerger algo muy superior en envergadura, cuya conformación al poco me hace perder el resto de juicio que me queda: un ser cuyo cuerpo está configurado por los restos de los cuerpos de sus propias víctimas, y cuya voz son sus gemidos en forma de grito desesperado, siendo su alimento aquellas mismas víctimas que lo conforman y estas otras que esperan a ser ofrecidas, siendo inmoladas periódicamente para que así el Innombrable pueda perpetuarse eternamente y gobernar las profundidades...
Tengo que salir de aquí como sea. Ahora comprendo, ahora sé.
Aprovechando la confusión del momento, la sombra de lo que un día fuera mi vecino me indica de nuevo que he de seguirle. Andamos camino atrás y entre palabras que me cuesta descifrar, consigue indicarme los lugares adecuados para colocar las cargas y con una mirada que parece ser la solicitud de compasión y clemencia para que yo concluya, por medio de mi acción, con el sufrimiento de aquellas almas y las venideras, se despide de mí regresando los pasos por donde había aparecido...
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La primera detonación ha sido un éxito, haciendo que quedara sellada la galería que daba a la cámara de los horrores más intensos de los que jamás pude ser testigo. La segunda, aunque cerró la galería principal que daba a aquélla, es decir, la situada a la derecha del pozo sin fondo de la entrada de la gruta, también ha sellado la propia entrada de la cueva pues el efecto de la deflagración al estar cercano a la cámara abierta ha provocado un efecto amplificado.
Por una parte me siento seguro pues me queda constancia de que, al menos por un tiempo, los moradores de las profundidades tendrán que buscar otras puertas al mundo exterior, pero en otro sentido, no puedo evitar notar un nerviosismo creciente al ver que el tiempo juega en mi contra, pues el agua se acaba, así como los alimentos y el oxígeno mismo que ha de mantener mi vida aunque fuera sólo por un hilo...He de ahorrar energías, permaneceré aquí recostado hasta que mi fiel Roland me traiga la salvación...porque sé que lo hará...
...o tal vez no.

...

Ya no tengo esperanzas...sólo recuerdos, y estos recuerdos son los que mantienen el atisbo de cordura que me queda...

© Mary Lovecraft 2008