?? de agosto de 1.932, la consumación.
El final es el lugar del que partimos, aunque todo concluya, nada perece...
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Calculo haber esperado alrededor de un cuarto de hora, para asegurarme de que Roland no regresa de vuelta sin antes cumplir lo acordado. Es buen chico y tal y como presentí, veo que no habré de sentirme defraudado en absoluto.
He sacado una pequeña libreta donde iré tomando apuntes sobre lo acontecido siempre que me sea posible pues esto de hablar a solas con uno mismo puede ser una buena terapia... cuando al menos hay otro alguien que escucha aunque no responda, no siendo éste el caso.
Creo que ya es hora de poner manos a la obra y finiquitar el cometido al que me he visto avocado por inspiración de no sé qué fuerza sobrenatural así que sin más dilación procederé al estudio de la siguiente galería de donde parece provenir el enloquecedor maremágnum silábico que tantas noches de insomnio me trajo. Me estoy poniendo los tapones de cera que de forma artesanal fabriqué y que incluí a última hora en mi equipaje, en previsión precisamente de que los malignos cánticos que ahora inundan el lugar pudiesen interferir en mi estado anímico peligrando el buen fin de mi plan. Aunque si lo pienso fríamente, ¿qué peligro en principio han de tener unos simples sonidos discordes por mucho que formen parte de una melodía maldita, si aquél que los origina no tiene presencia física a la que me pueda enfrentar?...
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Llevo descendiendo en pendiente suave bastante tiempo, no sabría calcular cuántos minutos exactamente, tal vez una media hora. He de intentar localizar un punto concreto donde la carga de dinamita detonada no produjera más catástrofe que salvación. Aún no he hallado vestigio físico que me garantice que voy por el buen camino así que seguiré adelante mientras las fuerzas y los elementos perecederos me lo puedan permitir, siempre calculando el tiempo invertido aunque sólo sea de manera intuitiva.
La brújula ha dejado de funcionar de forma adecuada empeñándose a marcar invariable y de forma intermitente, con lapsus de segundos, las coordenadas este-oeste, norte-sur. Se ve que las corrientes magnéticas de la tierra a estas profundidades desquician a cualquiera. La lámpara que me guía está empezando a fallar así que pronto habré de recambiarla. He hallado otra galería a la izquierda de la que recorro y que parece seguir descendiendo aún más. De ella proviene una suave brisa templada que me permite seguir respirando sin sensación de ahogo, supongo que más adelante habrá de haber algún tipo de comunicación con el exterior, por muy distante que se encuentre, que asegura la circulación de oxígeno con un mínimo de calidad al menos por ahora, así que he decidido continuar por este camino. Antes de proseguir, tomaré un tentempié y beberé algo de agua, pues las fuerzas empiezan a desfallecer supongo que debido al estado de estrés en que me veo inmerso...creo que descansaré un poco... me recostaré unos minutos...los justos para recobrar la energía suficiente que me permita continuar. Me he quitado los tapones de cera pues necesitaré estar alerta a cualquier incidencia. La maldita cantinela parece haber dejado de sonar. Espero no haber elegido el camino equivocado.
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¿Qué ha sido eso? un sonido como de pisadas arrastrándose por el suelo me ha sacado de forma brusca del sueño. Mi corazón acelerado y el grito reflejo silenciado por instinto, no me han permitido darme cuenta hasta ahora de que hay luz. Mis ojos pueden vislumbrar sin necesidad de lámpara...es una iluminación tenue, verdosa y lejana, proviniente de las profundidades de la galería...y más pisadas que reptan a paso lento pero firme. Veo una silueta pseudohumana, pareciera que busca algo...pero, ¿qué?, ¿a quién?...dios mío esto no puede ser fruto más que de una absurda pesadilla... pero no, sé que estoy aquí, ahora. Sé que no estoy loco.
Es increíble...esos rasgos, aunque desfigurados...esa forma de caminar, aunque reptante...se acerca a mí... ¿Nicolas Hataway...?. Sí, es él. Está a medio vestir, su cuerpo arqueado, y sus facciones...es como si hubiese en cierta manera "mutado". Me hace gesto acompañado de un gemido indescifrable para que le siga, es como si me quisiera mostrar algo que escapa a mi razón, posiblemente aquello que terminaría de dar sentido a toda esta locura. Curiosamente ya no experimento miedo pues más bien me conmueve el sufrimiento que desprende estar padeciendo tan infeliz alma. A unos tres metros de distancia le voy siguiendo. Otra salida a la derecha más, y vuelta a descender. La luz se va haciendo cada vez más intensa y el verde lo termina por inundar todo cuando llegamos a una nueva cámara abierta hacia una especie de pozo subterráneo donde bulle no sé qué mezcla de gases y líquidos del que emana este aroma tan profundo como penetrante y que no puedo asociar a nada conocido. En torno a ese pozo, varias aberturas más a sendas galerías interiores. Y allá abajo, más almas en pena.
No tengo palabras para describir el entristecedor espectáculo que tengo antes mis ojos: lo que en otro tiempo fueran hombres, mujeres, niños...ahora deformes, con la piel descolorida, ojos extremadamente grandes, fuera de las cuencas, pelo ralo, blanquecino...extremidades desproporcionadas e irregulares, rasgos difuminados, entes amorfos...deambulan sin un fin concreto...Desconozco desde cuándo están ahí ni de dónde proviene cada uno de ellos. Es de suponer que llegaron de forma parecida a como lo hizo el desdichado de Hataway...
De repente la cantinela diabólica comienza a sonar como siempre, iniciándose como un leve murmullo para convertirse en verdadero eco resonante que invade todo el recinto. Es el llamado. La superficie del pozo comienza a agitarse y los entes a desplazarse más nerviosamente, chocando unos con otros de forma autómata...pareciera que quisieran huir de algo...¿pero de qué?. De las distintas aberturas alrededor del pozo comienzan a salir unos seres inmensos, viscosos y tentaculados que provocan en las desgraciadas almas en pena reacciones extremas, la totalidad intentan huir de ellos de manera torpe, emitiendo gemidos guturales que no hacen más que atraer la atención de sus depredadores, cayendo finalmente en su poder...es en este momento que de las profundidades del pozo comienza a emerger algo muy superior en envergadura, cuya conformación al poco me hace perder el resto de juicio que me queda: un ser cuyo cuerpo está configurado por los restos de los cuerpos de sus propias víctimas, y cuya voz son sus gemidos en forma de grito desesperado, siendo su alimento aquellas mismas víctimas que lo conforman y estas otras que esperan a ser ofrecidas, siendo inmoladas periódicamente para que así el Innombrable pueda perpetuarse eternamente y gobernar las profundidades...
Tengo que salir de aquí como sea. Ahora comprendo, ahora sé.
Aprovechando la confusión del momento, la sombra de lo que un día fuera mi vecino me indica de nuevo que he de seguirle. Andamos camino atrás y entre palabras que me cuesta descifrar, consigue indicarme los lugares adecuados para colocar las cargas y con una mirada que parece ser la solicitud de compasión y clemencia para que yo concluya, por medio de mi acción, con el sufrimiento de aquellas almas y las venideras, se despide de mí regresando los pasos por donde había aparecido...
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La primera detonación ha sido un éxito, haciendo que quedara sellada la galería que daba a la cámara de los horrores más intensos de los que jamás pude ser testigo. La segunda, aunque cerró la galería principal que daba a aquélla, es decir, la situada a la derecha del pozo sin fondo de la entrada de la gruta, también ha sellado la propia entrada de la cueva pues el efecto de la deflagración al estar cercano a la cámara abierta ha provocado un efecto amplificado.
Por una parte me siento seguro pues me queda constancia de que, al menos por un tiempo, los moradores de las profundidades tendrán que buscar otras puertas al mundo exterior, pero en otro sentido, no puedo evitar notar un nerviosismo creciente al ver que el tiempo juega en mi contra, pues el agua se acaba, así como los alimentos y el oxígeno mismo que ha de mantener mi vida aunque fuera sólo por un hilo...He de ahorrar energías, permaneceré aquí recostado hasta que mi fiel Roland me traiga la salvación...porque sé que lo hará...
...o tal vez no.
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Ya no tengo esperanzas...sólo recuerdos, y estos recuerdos son los que mantienen el atisbo de cordura que me queda...
© Mary Lovecraft 2008